“Desde Asocelpa sientes que luchas por los intereses del conjunto del Puerto”

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“El premio representa a toda una generación que se ha pateado el muelle y ha batallado por conseguir algo” afirmó el consignatario jubilado

La Fundación Puertos premiará a Manuel Domínguez Romero el próximo 24 de mayo por su carrera profesional con el premio a una Vida Profesional. Su relación con el Puerto llegó “por casualidad” en 1976, cuando empezó por abajo, como un simple vigilante de seguridad, pero el esfuerzo y la dedicación hicieron que acabara con puestos de renombre. Pasó primero por la consignataria Ecopesa y después continuó su trabajo en J. A. Arocha. Con el tiempo llegó a presidente de Asocelpa.

¿Cómo ha recibido el premio a toda una Vida Profesional?

Para mí es un verdadero honor. No solo es un premio para mí, lo veo dirigido para mucha gente de aquí que como yo empezamos de jóvenes, muchos de ellos empezamos desde abajo, trabajando muy duro, muchas horas. Para mí es representativo de toda esa gente que ha estado aquí batallando. No solo consignatarios, de todos los sectores, gente que ha pateado el muelle. Y yo de alguna manera lo comparto con toda esa gente. Simbólicamente. Representa una generación, una época que viví en la que estábamos aquí sábados, domingos, de noche, trabajando muy duro. No es un premio a Manuel Domínguez, si no a esa gente que ha estado ahí batallando duro.

Ha trabajado 40 años en el Puerto. ¿Qué cambios ha visto?

Es muy vivo, activo. Se va tráfico y vuelve otro. Desaparecen compañías y vienen otras. Dices adiós a la flota pesquera japonesa o coreana y vuelven otras. El Puerto no para, está continuamente evolucionando. Hay otros que se han quedado ahí, pero este no.

¿Cómo empezó su relación con el puerto de La Luz?

Aunque llevo trabajando desde los 17 años en el Puerto empecé un poco después. En el año 76 me llamaron para ser vigilante de seguridad, venía prácticamente todos los días para supervisar la descarga de los barcos. Y ahí fue donde enganché con el trabajo de consignatario. Después de un año de segurita me surgió la oportunidad de entrar en una consignataria fuerte de aquel entonces, Ecopesa. Al principio estuve sacando atraques, pateando todo el muelle. Ascendí, pasé a un departamento de operaciones y con el tiempo fui Jefe de Operaciones cuando se creó una empresa de estibadores junto a otras tres consignatarias.

De Ecopesa pasó a director general de la consignataria J. A. Arocha en 1994.

Al poco tiempo de quebrar Ecopesa José Antonio Arocha me dio la gran oportunidad. Él era un antiguo cliente que se dedicaba a la venta de aceites y combustibles y para. Me llamó, me decía que había abierto una consignataria y que no había empezado a trabajar aún con ella. Quería que yo la arrancara y la pusiera en marcha. Le debo mucho a ese hombre. Ahí empezamos en 1994 hasta que me jubilé hace poco más de un año. Tuvimos muy buena relación.

¿Cómo fue la experiencia laboral en esta empresa?

Muy buena. Empecé yo solo a trabajar pero fuimos cogiendo clientes poco a poco. Y ahora son 14 personas. Fuimos cogiendo clientes, armadores, de diferentes nacionalidades. Pero los más fuertes con los que hemos trabajado es con la flota pesquera rusa y con la japonesa. Pero teníamos toda clase de barcos, de todas las nacionalidades y todos los tipos, no solo pesqueros. Por ejemplo, durante mucho tiempo llevamos un petrolero de origen griego que cargaba aquí para suministrar en África. Y después variado, con muchos barcos que están aquí de paso. Luego abrimos una oficina pequeña en Tenerife, en 2011 o 2012.

¿Lo hicieron en plena crisis económica?

Sí, nos empeñamos que teníamos que estar allí. Al principio hacíamos algunas cositas en Tenerife pero siempre apostamos por dar un servicio completo a los barcos, estén en Las Palmas o en Santa Cruz. Hasta ese momento usábamos una empresa que nos hacía el subcontratado pero preferimos crear una oficina propia.

Pero expandirse en esos años, ¿no fue complicado?

Lo cierto es que la crisis no nos afectó prácticamente por el tipo de barco que teníamos. Por un lado, a la pesca no le afectó muchos y a los que vienen de avituallamiento igual. Afectó más a otros sectores específicos como los containers por el parón de la importación. En cambio, los barcos que están de paso y paran en Las Palmas siguen ahí. Esto nos permitió seguir adelante, viajar mucho, visitar a clientes por Europa.

Y expandirse.

Claro. Además, en Tenerife queríamos consignar los barcos de petrogas que salen de la refinería de Disa. Y nosotros controlamos la gestión de los barcos que se mueven desde allí a las tres islas Orientales. Todo eso lo hacemos desde el puerto de Santa Cruz.

En los últimos años se involucró en la Asociación de Consignatarios y Estibadores de Buques de Las Palmas (Asocelpa). Pasó por el puesto de vocal y terminó de presidente. ¿Cómo definiría la experiencia?

Una buena época. Fue poco antes de jubilarme y estuve como dos años. Es en las asociaciones donde podemos los consignatarios hacer fuerza y presión. Sirve para conseguir cosas y mejoras para el Puerto. Cuando me lo propusieron me gustó la idea porque sientes que puedes hacer más, luchar más. Lo bueno es que en la directiva hay distintos tipos de consignatarios y allí nos unificamos y apoyamos para mejorar el conjunto.

¿Destacaría algo?

El día a día. Son muchas reuniones, hay veces que estás liadísimo, hechas muchas horas. Pero es gratificante porque sientes que estás luchando. No solo por tu empresa, si no por el conjunto del Puerto desde un sitio donde se te oye, sabes que puedes hacer algo más. Porque al final beneficia a todos los sectores involucrados.

Tras la jubilación, ¿sigue pendiente del Puerto?

Sigo las noticias. Vengo una vez por semana. De alguna manera sigo conectado. No se puede borrar, es algo que llevo en la sangre. El Puerto es algo que te engulle, te mete aquí dentro.

¿Viene de familia portuaria?

No. Fue todo una casualidad. No me veía acabando en este sitio. Pero es un trabajo que me ha gustado y me jubilo con grandes recuerdos.

Después de 40 años dedicado a esta profesión. ¿Cambiaría algo de su trayectoria?

No. La verdad es que salgo orgulloso de todo lo conseguido. Con la satisfacción de conseguir metas personales. No cambiaría nada, porque entonces no habría sido lo que fui aquí. A nivel personal tuve mis logros, conocí a mucha gente. No soy ingeniero ni nada, y llegar a ser presidente de Asocelpa y de una empresa como J. A. Arocha es algo increíble. Si me lo llegan a decir hace más de veinte años a dónde he llegado no me lo habría creído. Podría haber cambiado alguna cosa, pero hay que ser positivos.

 
 
 
 
 

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