El problema de la estiba no es el sueldo de los estibadores. Ni sus métodos, ni organización de trabajo. Es otro mucho más fácil

Puertos y Navieras 19/05/2015

El problema de la estiba que lleva en España siendo un problema como tal, desde la transición democrática ha provocado ríos de tinta. Ahora está aquietado por el impasse producido por las elecciones. Este interregno de calma da para que las personas que mejor conocen el problema opinen con certeza.

El problema de la estiba se viene justificando en los sueldos de los estibadores españoles muy por encima de la media de otros países de alrededor de los 40.000 euros y acercándose y en mucho casos doblando esa cantidad. Fuera y aparte de que esa no es la situación en todos los puertos, ni entre todos los estibadores no es ese el problema. Tampoco es el problema los métodos de organización de trabajo que se dicen rígidos e inflexibles. El problema tampoco es ese.

Suficientes mecanismos tienen trabajadores y empresas para llegar a puntos en común siempre que las circunstancias y los mecanismos legales les dejen tomar con autonomía decisiones. La situación del Puerto de las Palmas es un buen exponente.

El problema es simple y llanamente la intervención del estado en un asunto en el que no tenia que haberse entrometido nunca.

En cuanto el Estado, de verdad, y con los suficientes requisitos legales se apartase del ámbito de la estiba esta dejaría de ser el problema como lo conocemos ahora.

El Estado con su intervención secular, primero en la organización de trabajos portuarios, después en las sociedades de estiba y al final en las Sagep, lo único que ha hecho ha sido impedir un acuerdo claro. La seguridad del estado ha condicionado las relaciones en el sector.

El intervencionismo del Ministerio de Fomento y de Puertos del Estado ha desembocado en un mayúsculo problema en que el que los únicos perjudicados son los contribuyentes.

El estado y los gobiernos sucesivos, con un olímpico desprecio de las pérdidas que le causa a la masa de contribuyentes, han estado jugando con un problema que no es suyo y del que hace mucho se tenían que haber distanciado de forma contundente y clara. Nadie ha pedido que el Estado y el Gobierno, y en esta caso las administraciones de Puertos del Estado se erigiesen en últimos garantes de la situación de la estiba. Al asumirlo y no resolverlo someten al Estado a unos pasivos sociales increíbles que se han ido perpetuando con el tiempo

Solo bastaría que el Estado se distanciase de forma clara y sin ambigüedad del problema de la estiba para que este iniciase el proceso de su reconducción. Es la presencia del Estado la que se utiliza por unos y otros para invocar la paralización o la resolución de los problemas en los puertos y este es uno de los más importantes de ellos. La relación entre los estibadores y las empresas que los contratan tiene que estar libre de toda interferencia del Estado.

Esto no lo decimos nosotros, sino que lo dicen grandes terminalistas incluso estibadores y ya no digamos los cargadores y usuarios de los puertos y muchas personas en las autoridades portuarias y en la comunidad portuaria.

La invocación a que son problemas heredados que tiene que resolver el Estado es un ejemplo más de intervencionismo por los que después quieren aparecer como liberales.

Sustraídos los actores de la estiba de la coartada del Estado a la hora de resolver sus problemas, la celeridad con que estos se verían resueltos asombraría a propios y extraños.

La facilidad con que los estibadores con fama de revoltosos iban a llegar a acuerdos con todo el sentido común con sus empleadores y clientes no tendría parangón alguno en la historia reciente.

Se está asistiendo en Las Palmas a una negociación donde por su naturaleza el estado se está viendo ausente o mínimamente implicado, y es ahí donde se ve que en los núcleos más irreductibles de estibadores se presentan propuestas que asombran a sus propios compañeros. Una prueba más de que cuando un problema lo tienen que enfrentar los actores principales del mismo, comineza a tener solución.

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